El "Predialazo" como Cortina de Humo: La Cruzada contra el Catastro y el Sabotaje a la Paz
La atmósfera política en Colombia se encuentra hoy saturada por una narrativa
que, bajo la apariencia de defender el bolsillo del ciudadano, oculta una de
las maniobras de preservación de privilegios más sofisticadas de las últimas
décadas, pues resulta imperativo desentrañar cómo la legítima preocupación por
el aumento del impuesto predial ha sido secuestrada para convertir al Catastro
Multipropósito en un chivo expiatorio técnico.
Este fenómeno no es una coincidencia, sino una coreografía política diseñada
para que la opinión pública confunda la herramienta de medición con la decisión
del recaudo, permitiendo que los sectores más retardatarios de la sociedad
mantengan la opacidad sobre la tierra que han acumulado. Para entender esta
estrategia, debemos partir de la base de que el catastro tradicional en
Colombia ha operado históricamente como un sistema ciego y cómplice, limitado a
un inventario físico y económico desactualizado que permitía que inmensas
extensiones de tierra productiva figuraran en los registros con valores de hace
veinte o treinta años, pagando impuestos irrisorios mientras el resto del país
asumía la carga fiscal del desarrollo urbano.
La ruptura de este statu quo
mediante el Catastro Multipropósito representa un salto cualitativo que va
mucho más allá de lo tributario, transformando una simple lista de precios en
un sistema de información territorial integral. A diferencia del modelo
antiguo, que solo buscaba saber "cuánto cobrar", el modelo
multipropósito integra la realidad jurídica con la física, permitiendo que el
Estado por fin cruce los datos de propiedad con la posesión real en el terreno.
Esta claridad en los términos de propiedad y su registro es, precisamente, lo
que desata el pánico en quienes han consolidado su patrimonio sobre la base de
la usurpación o el aprovechamiento de la desordenada institucionalidad rural.
Como bien señala Carlos Morales-Schechinger en sus estudios sobre inequidad
urbana en América Latina, el bajo gravamen a la propiedad inmobiliaria es un
factor determinante en la concentración de la riqueza, y en el caso colombiano,
esa "riqueza" suele estar manchada por el desplazamiento forzado de
campesinos que, al perder su tierra, también perdieron su lugar en el mapa
oficial del Estado.
Al iluminar estas zonas
grises, el catastro técnico se convierte en el enemigo natural de la
especulación y el latifundio ocioso, revelando que la productividad del suelo
está inversamente relacionada con el tamaño de los predios en manos de unos
pocos. La evidencia técnica demuestra que, mientras los pequeños y medianos
productores suelen llevar sus tierras al máximo potencial productivo, las
grandes extensiones suelen ser utilizadas como activos de engorde o para
actividades de baja intensidad, esperando que la inversión pública en vías e
infraestructura valorice el terreno sin que el propietario mueva un solo dedo.
Esta "renta diferencial", concepto analizado profundamente en las
teorías sobre recuperación estatal de plusvalías, es en realidad una transferencia
de riqueza desde la colectividad hacia el propietario privado. Cuando el
Catastro Multipropósito identifica estos valores reales, lo que hace es
preparar el terreno para una justicia distributiva donde el suelo cumpla con su
función social, una obligación constitucional que la ultraderecha colombiana
intenta borrar del imaginario colectivo tachándola de "ataque a la
propiedad privada".
Es aquí donde la estrategia
política de desinformación alcanza su punto más álgido, al ocultar
deliberadamente que la construcción del impuesto predial es un acto de
autonomía municipal y no una imposición mecánica del catastro nacional. El
impuesto se construye sobre dos pilares: la base gravable (el avalúo que da el
catastro) y la tarifa (que deciden los Concejos Municipales). Los opositores al
progreso territorial culpan al "termómetro" catastral del aumento del
impuesto, para evitar que la ciudadanía exija a sus alcaldes y concejales una
graduación justa de las tarifas. Esta manipulación no es solo un argumento
electoral para captar votos de una clase media asustada, sino que constituye el
núcleo del sabotaje contra el Punto 1 del Acuerdo de Paz: la Reforma Rural
Integral. Sin un catastro moderno, el Acuerdo de Paz es una promesa vacía, pues
no habría forma de restituir tierras a las víctimas, ni de formalizar la
propiedad de millones de campesinos, ni de alimentar el Fondo de Tierras que
busca corregir la histórica herida de la desigualdad en el campo.
Desmontar el catastro es, en
esencia, intentar desarmar la paz territorial para que la tierra siga siendo
una caja fuerte de impunidad y no un motor de desarrollo para quienes la
trabajan. En otros contextos, como el de Brasil con sus leyes de desarrollo
urbano o los sistemas de transparencia inmobiliaria en Europa, se entiende que
el Estado tiene el derecho y el deber de recuperar parte del valor que él mismo
crea a través de la norma urbana y la obra pública. En Colombia, por el
contrario, la ultraderecha ha logrado posicionar la idea de que cualquier
intento de actualización técnica es un asalto, ignorando que la verdadera
expropiación la sufrieron los millones de desplazados cuyos predios hoy
aparecen con dueños de "buena fe" en registros catastrales obsoletos.
La importancia de mantener vigente el Acuerdo de Paz radica en que este ofrece
el marco legal y político para que el suelo deje de ser un botín de guerra y
pase a ser un recurso gestionado con criterios de eficiencia, equidad y
transparencia técnica.
No podemos permitir que el
debate técnico sea sepultado por el ruido del populismo fiscal, porque lo que
está en juego no es solo una factura de impuestos, sino la posibilidad de que
Colombia por fin conozca su propia geografía social. La construcción de un
catastro técnico y multipropósito es el primer paso para una administración
pública responsable, donde los responsables legales del recaudo rindan cuentas
sobre cómo utilizan esos recursos para cerrar las brechas de infraestructura.
Al final del día, la resistencia al catastro es la resistencia a la modernidad
y a la verdad; es el último refugio de quienes prefieren el caos de los
linderos difusos para ocultar el rastro de la violencia.
Defender el Catastro
Multipropósito es defender el derecho de la nación a saber a quién le pertenece
el suelo y en qué condiciones de justicia lo ostenta. Si permitimos que
esta herramienta sea saboteada, estaremos condenando a las futuras generaciones
a vivir en un país donde el mapa sigue siendo una herramienta de exclusión y no
un instrumento de paz. La ultraderecha sabe que un país con datos es un país
que puede reclamar sus derechos, y por eso su cruzada contra el catastro es, en
realidad, una cruzada contra la transparencia.
La verdadera cara de quienes
atacan hoy el catastro es la de aquellos que necesitan que Colombia siga siendo
un país de sombras para que sus privilegios no tengan que rendir cuentas ante
la luz de la técnica. No es el predial lo que les quita el sueño, es el
fin de la era donde podían esconder hectáreas de despojo tras un registro de
papel quemado.
Quien se opone a que el Estado
conozca la realidad de su tierra, usualmente es porque tiene algo que ocultar
bajo el polvo de la desactualización catastral. La paz en Colombia no se
firma solo en los escritorios, se consolida en cada metro cuadrado que el
Estado logra identificar para devolverle su función social y su dignidad
productiva.
Anexo: Cuadro comparativo.
|
Característica |
Catastro Tradicional |
Catastro Multipropósito |
|
Objetivo |
Puramente tributario (cobrar). |
Gestión de tierras, planeación,
formalización y servicios públicos. |
|
Información |
Datos básicos y muchas veces
erróneos. |
Interoperable con el Registro
de Instrumentos Públicos (Seguridad Jurídica). |
|
Enfoque |
Ignora la realidad social y
ambiental. |
Incluye zonas de riesgo, áreas
protegidas y derechos étnicos. |
|
Actualización |
Cada 10 o 20 años (permite la
especulación). |
Dinámica y constante; refleja
la realidad del mercado. |
|
Uso de la Tierra |
No distingue productividad. |
Identifica el suelo ocioso
y facilita la Reforma Rural Integral. |
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