Y SI, LLEGÓ EL CAMBIO
Si algo nos dejó claro el escrutinio de ayer es que el país político cambió de
frecuencia y muchos no se dieron ni cuenta. El "guayabo" electoral
que hoy tienen varios sectores de la oposición radical no es gratuito; es el
resultado de una miopía táctica que terminó por quemar a figuras que se sentían
fijas en el Capitolio. La tesis es clara y los números de la Registraduría no
mienten: el electorado colombiano aplicó un voto castigo severo al
antipetrismo dogmático.
No nos equivoquemos, esto no quiere decir que Colombia se volvió petrista de la
noche a la mañana o que el Pacto Histórico sea ahora una aplanadora invencible.
Lo que pasó fue un mensaje de rechazo a la política del "No" por el
"No". La gente se cansó de los políticos que centraron toda su
campaña en el espejo retrovisor o en el miedo al presidente, olvidándose de que
la gente tiene hambre, necesita empleo y espera soluciones, no solo trinos
incendiarios.
El caso más diciente es el de la
Alianza Verde, o lo que quedó de ella en la coalición Alianza por Colombia. Ver
a Angélica Lozano pasar de ser una baronesa electoral a quedarse por
fuera con escasos 37.000 votos, o a Katherine Miranda hundirse
con 26.000, es la prueba reina. Ellas, que en teoría representaban un
centro crítico, terminaron mimetizadas en un discurso tan radical contra el
Gobierno que el votante de centro las abandonó por considerarlas "derecha
con piel de oveja", y el de derecha prefirió el original antes que la
copia.
Ese mismo fenómeno se vio con una
fuerza impresionante en los partidos tradicionales. Si uno hace el análisis
detallado del Partido Liberal, el Conservador y la U, se lleva una sorpresa:
los que sobrevivieron y hasta crecieron fueron aquellos que, a pesar de las
críticas, mantuvieron puentes con la Casa de Nariño. Los candidatos que
apoyaron las reformas o que al menos se sentaron a negociar para llevar
inversión a sus regiones, fueron los que salvaron los trapos. En cambio, los
que se dedicaron a sabotear desde el dogma se dieron un "totazo"
contra el umbral. Por ejemplo, en el Partido Conservador, Nadia Blel se
coronó como la más votada con 170.000 votos apostándole a una agenda
social propia, mientras que otros perfiles que solo hablaban de "frenar el
comunismo" hoy están empacando cajas en sus oficinas.
En Antioquia y Medellín, el
laboratorio por excelencia del antipetrismo, la lección fue brutal. Se esperaba
que el partido de Fico Gutiérrez, Creemos, barriera y se llevara media
bancada paisa al Senado. Y sí, sacaron votos, pero ni de lejos los que
proyectaban. La gente en Medellín le pasó factura a esa idea de que la única
propuesta es pelear con el Presidente. El discurso de "salvar a Colombia
de Petro" se agotó rápido cuando la gente vio que los problemas locales
—el costo de vida, los líos de EPM, la seguridad en las comunas— requieren
gestión y no solo peleas de balcón a balcón.
Creemos pecó de soberbia;
creyeron que el arrastre de Fico en la Alcaldía – publicidad abusiva en calles
y radio, presiones a funcionarios y contratistas, uso abierto de su imagen - era
un cheque en blanco eterno, pero el elector paisa, que es pragmático por
naturaleza, castigó a quienes no propusieron nada más allá del choque
institucional.
Es revelador comparar ese fracaso
con el éxito de Juan Daniel Oviedo. El tipo, desde una derecha técnica y
con un lenguaje conciliador, logró más de 1.2 millones de votos. Oviedo
no necesitó insultar a Petro en cada entrevista para demostrar que tiene un
modelo de país distinto. Su éxito frente al fracaso estrepitoso de figuras como
Juan Carlos Pinzón, Enrique Peñalosa o el mismo David Luna
—quien bajó significativamente su caudal electoral— demuestra que el país está
buscando una oposición que sepa sumar y no solo restar. Luna y Gaviria se
quedaron atrapados en un discurso de élite intelectual y crítica ácida que no
conectó con el ciudadano de a pie que quiere ver resultados, no solo
diagnósticos de por qué todo está mal.
A continuación, te dejo una tabla
comparativa para que veas la diferencia abismal entre los que se centraron en
la propuesta y los que se hundieron en el dogma:
|
Perfil de Candidato |
Representante Clave |
Estrategia de Discurso |
Resultado vs. Expectativa |
|
Conciliador / Técnico |
Juan Daniel Oviedo |
Basado en datos y gestión, sin
ataques personales. |
Superó expectativas
(Líder en consultas). |
|
Tradicional / Negociador |
Nadia Blel |
Apoyo a reformas sociales,
enfoque regional. |
Crecimiento sólido (Más
votada del país). |
|
Antipetrista Radical |
Angélica Lozano |
Oposición frontal y dogmática
desde el "centro". |
Quemada (Perdió su
curul). |
|
Oposición Institucional |
David Luna |
Crítica académica y constante
en redes sociales. |
A la baja (Votación muy
inferior a 2022). |
|
Candidato de
"Miedo" |
Juan Carlos Pinzón |
Seguridad democrática y choque
ideológico puro. |
Fracaso rotundo
(Votación marginal). |
En resumen, el 8 de marzo nos
mandó a decir que la política del odio tiene un techo muy bajito en 2026. Los
"quemados" de ayer son el recordatorio de que en Colombia ya no basta
con señalar al enemigo; hay que proponer un camino.
- El voto castigo fue real: No contra Petro,
sino contra quienes hicieron de Petro su único tema de conversación.
- Antioquia ya no traga entero: El fenómeno de
Creemos demostró que el regionalismo no alcanza, si no hay una agenda
legislativa clara más allá del saboteo.
- El centro se reconfigura: Los que quisieron
jugar a ser más de derecha que la derecha misma (como Miranda y Lozano) se
quedaron sin el pan y sin el quesito.
- La derecha técnica gana terreno: Oviedo es
hoy el referente de una oposición que el Gobierno sí tiene que tomar en
serio porque tiene votos y argumentos.
Esto es clave: el mapa político
quedó repartido entre fuerzas que, aunque opuestas, están obligadas a dialogar.
No hay una mayoría absoluta radical de ningún lado, lo que augura un clima
donde la gestión técnica y los resultados concretos van a pesar más que
la ideología en los próximos dos años.
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